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TAS: todas las “D” (Por Andrea Frade)

Damasco, asi fue rescatado. Murio (20-02-2019) Delito, desidia, desorden, desconcierto, desborde. Todas las “D” de una tragedia que es mucho más que el reclamo por el no al maltrato animal.

El pensamiento maniqueo suele ser util a quien no quiere debatir soluciones.  Tanto como el reduccionismo. Y, aunque la multiplicidad de los factores que hay que analizar a la hora de abordar una solución que consume la debida prohibición total  de la circulación de carros con caballos en cualquier casco urbano es infinita; la discusión es incansablemente reducida al contrapunto que enfrenta el maltrato animal con el derecho a trabajar de los recolectores informales. Nada más berreta.

La TASes un problema de todos. Social, humanitario, de seguridad, de orden, de sanidad. Un carro tirado por un caballo en un centro urbano, conviviendo con vehiculos de todo porte, es riesgo de vida para quien va sobre el carro, para quien puede atropellarlo y para el animal.

Un carro tirado por un caballo en medio de un centro urbano es la circulación de un pequeño basural a cielo abierto, que pone en riesgo a quien va sobre el carro, a quien esta cerca y al animal.

Un carro tirado por un caballo suele tener detrás un acto de cuatrerismo. Lamentando romper muchos romanticismos, hace tiempo que los caballos se alquilan por turnos, no son de nadie más de quien los alquila y quien los explota en la calle y cuando se mueren –cosa que sucede constantemente- se reemplazan por otro. Otro que, en general, fue robado.

El  contrapunto sobre el derecho a trabajar contra el derecho animal es tan falso como alimentado por quienes no tienen ningún interés en resolver el problema. El derecho a trabajar de los recolectores informales tiene formas bastante sencillas de consolidarse sin el uso de caballos. Más aun, la resistencia a cualquier forma de reemplazo por algunos de los tantos mecanismos que pueden reemplazar a los animales tiene un curioso foco de resistencia en quienes se arrogan el derecho de “representar”, ese universo de vulnerables que necesita sustento. Un curioso culto al sufrimiento bien decorado con  discursos cuyo requisito ineludible es aspirar la letra “s” cuando se habla. Dato “progre”, si los hay….

Un Estado que no toma el toro por las astas y un sector que no quiere desarmar su negocio de explotación tanto de animales como de recicladores (victimas ambos de ese sistema) tiene enfrente una sociedad que va tomando cada vez mayor conciencia del desastre que ese esquema significa y que en muchos casos, impulsa acciones directas y espontáneas que, de proliferar, puede convertirse en una escalada que nadie parece estar viendo con la necesaria preocupación y ocupación.

No se trata del debate maniqueo de quienes estigmatizan a “las locas de los caballos”  o “los carreros h de p”. Ese debate anula, bloquea y abarata. Los responsables de ese sistema de dolor tanto para animales como para seres humanos no padecen ni soles abrasadores, ni sed, ni dolor, ni frío en invierno. Los responsables de eso están en dos extremos bien claros: los unos delinquiendo y los otros  sentados en el universo de los inútiles.


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